Las revueltas en Nápoles y Sicilia

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Las revueltas en Nápoles y Sicilia, territorios de dominio español.

En la península Itálica eran muchos los territorios bajo dominio español: el ducado de Milán, el reino de Nápoles, y el Stato dei Presidí, en las costas de la Toscana.

Mientras España fue una gran potencia, los territorios italianos también disfrutaron de un cierto desarrollo económico, pero con la crisis financiera de la corona y el aumento de los impuestos (a los que se añadía un sistema de gobierno de tipo feudal con una enorme corrupción), el descontento de la población aumentó, en particular en el sur de Italia, donde se multiplicaban las revueltas y surgía el fenómeno del brigantaggio (acciones violentas de robo llevadas a cabo por bandidos).

La revuelta más famosa fue la encabezada en Nápoles por Masaniello (Tommaso Aniello) y Giulio Genoino, réplica de lo acontecido meses antes en la ciudad de Palermo, en Sicilia. Masaniello fue un vendedor de pescado que en 1641 se casó con Bernardina de Pisa, una vendedora de fruta.

Tras establecer ciertos contactos con la burguesía napolitana, en junio de 1647 lideró una protesta en contra de un nuevo impuesto sobre la fruta (que el virrey había decidido aplicar para poder hacer frente al pago de tributos que demandaba la corona española).

La protesta se tornó rápidamente en una revuelta que se extendió por todo el reino.

El 14 de julio Masaniello fue aclamado por el pueblo, pero sus acciones represivas contra gran parte de la nobleza e incluso contra algunos de sus seguidores provocaron su asesinato pocos días después.

El entonces virrey de Nápoles, Rodrigo Ponce de León y Alvarez de Toledo (duque de Arcos), fue el encargado de dirigir la represión de la revuelta, y muerto Masaniello, decidió otorgar el gobierno de la ciudad a Genoino (un carismático cura y abogado que contaba con el apoyo popular) para conseguir restablecer el orden.

Castel Nuovo, la fortaleza donde tuvo que refugiarse el virrey de Nápoles durante la revuelta liderada por Annese.
Ponce de León consiguió devolver la paz a la ciudad, sin embargo, en las calles se seguía respirando un clima de descontento.

Cuando a principios de octubre de 1647 la flota española, bajo el mando de Juan José de Austria, atracó en Nápoles para reforzar la posición de la corona en el reino y sofocar cualquier otro intento de sublevación, se encontró que ya se había iniciado una nueva revuelta.

En esta ocasión, el líder que había tomado las riendas fue Gennaro Annese, armero de oficio. Carente de capacidad militar, tras la llegada de la Armada española, Annese confió la resistencia a los franceses, comandados por el príncipe Enrique de Guisa, quien se puso al frente de la nueva República Napolitana.

Sin embargo, la posición napolitana estaba muy debilitada, y en abril de 1648, las tropas españolas volvieron al conquistar los territorios perdidos (los napolitanos no consiguieron liberarse del yugo extranjero hasta el siglo XIX, con la unificación de Italia).


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